Modelos de Diseño
Curricular arquitectura del aprendizaje
UTILIDAD
Para
que un diseño sea útil, de acuerdo a Pérez Gómez, 1992 (en Casarini, 1999)..
“La
utilidad del diseño de un esquema está en ayudarnos a disponer de un esquema
que represente un modelo de cómo puede funcionar la realidad, antes que ser una
previsión precisa de pasos que da[1]r”.
Pero tenemos que dejar claro
que se debe de contar con los fundamentos para poder acceder a “intenciones, condiciones y alternativas”
para proceder sugerencias que permitan los resultados que se esperan. Es decir
primero contar con los objetivos del diseño y posteriormente diseñar la
metodología.
Los
Modelos de Diseño Curricular (MDC) son la base intelectual, para poder
incorporar los aspectos que se consideran pertinentes para poder concebir el
currículo, es una especie de guía para las reflexiones y
para la planeación.
La utilidad de los MDC no
radica en la naturaleza prescriptiva solamente, sino en su carácter provocador
hacia la reflexión anticipada sobre la práctica de la enseñanza, pues sin esto,
cualquier MDC está finiquitado antes de desarrollarlo.
Se debe de tener en cuenta
dónde se aplicará, en qué condiciones tanto reales como potenciales, se hará,
con el objetivo de vislumbrar un futuro a mediano plazo. También se busca que
estimule mucho hacia la reflexión sobre los conocimientos y modalidades de los
contenidos por aprender y enseñar dentro del formato curricular, pero también
la organización curricular de los contenidos. Por último el MDC debe de
proporcionar consideraciones sobre las características de los aprendices y del
aprendizaje mismo.
La utilidad de los MDC cae en
la habilidad para la reflexión para la puesta en práctica, las condiciones
contextuales en las que se vaya a realizar y sobre los contenidos que se verán
incorporados y a quienes van dirigidos.
La base de los Modelos de
Diseño Curricular es identificar los objetivos por los que se están haciendo,
es por ello que existen diferentes modelos que serán más prácticos o más teóricos.
Ahora bien a continuación se
expondrá un cuadro tomado de Casarini (1999)[2], que resume dos tipos de
modelos de diseño curricular, por objetivos conductuales y de proceso.
A continuación se expondrá un resumen del mismo autor
sobre cada uno de los modelos.
MODELOS
POR OBEJTIVOS CONDUCTUALES[3]
Es el modelo clásico, se le
atribuye a Bobbitt con la publiación de The Currículum (1918) y de How to make a currículum (1924). Se pensaba en la
educación como un medio para obtener fines. Para 1949-1950 R. Tyler expone la
propuesta más completa del modelo.
Tyler define un objetivo
como un enunciado que ilustra o describe la clase de comportamiento que se espera
logre el estudiante de modo tal que cuando el comportamiento se observado,
pueda ser reconocido. Propone que se haga un diseño de conjunto de decisiones
jerárquicas que van desde la definición de necesidades que sirven para la
enseñanza hasta la realización práctica de éstas. Para ello el autor aborda 4
problemas:
- La discusión en torno a los fines que debe alcanzar la escuela: basado en tres puntos, las necesidades y entorno social del alumno; la vida exterior a la escuela como herencia cultural; y el contenido de las materias de estudio.
- La selección de las experiencias educativas: se eligen las que pueden llevar a la consecución para los fines que se buscan.
- La organización de las experiencias educativas: para que sean coherentes y eficaces al programa se deben ordenar en unidades, cursos y programas. Para ello se debe de otorgar un orden a los elementos mencionados.
- La comprobación del logro de los objetivos propuestos: evaluación de resultados, en qué medida el currículo satisface los objetivos.
Otro Autor Stenhouse
presenta cuales deben ser las finalidades del aprendizaje que se busca con en
la institución, y las distingue en 4 finalidades: entrenamiento, instrucción,
iniciación e inducción. Además señala que las dos primeras pueden ser muy bien
alcanzadas por medio del modelo de objetivos y las otras dos necesitan otro
modelo.
Puntos débiles del modelo:
·
A veces los objetivos generales ofrecen un
panorama claro, mientras que los formulados con precisión expresan metas
superficiales y poco significativas.
·
Resulta antidemocrático planear de antemano
cuál ha de ser la conducta del alumno luego de un proceso de
enseñanza-aprendizaje.
·
En ciertas áreas del conocimiento resulta
poco pertinente formular objetivos que pueden traducirse en comportamientos
mensurables.
·
Al revisar el desarrollo de un curso, son
muchas veces los resultados no anticipados los que se imponen como realmente
genuinos; sin embargo, los objetivos fijados previamente pueden determinar que
el maestro no preste atención a lo impredecible.
Puntos fuetes del modelo:
·
Respecto a algunos tipos de aprendizaje,
donde se necesita la claridad de los objetivos iniciales ayuda a mejorar la
práctica, sin embargo la sola clarificación de los fines no asegura el
perfeccionamiento y calidad del desarrollo curricular y de la práctica de la enseñanza; puesto que es fundamental el
análisis de y crítica del docente y su práctica para poder establecer criterios
de las mismas, sin ello los objetivos se hacen menos.
·
Por pretender una respuesta pragmática a los
problemas de administración educativa, logra su cometido de funcionalidad pero
homogenizando los fines educativos a tal modo que ofrece el mismo diseño para
todos los tipos de aprendizaje.
·
Este modelo puede lograr buenos resultados en
algunas áreas, como el entrenamiento de distintos tipos de destrezas o
retención de información centrada en datos.
MODELO
DE PROCESOS[4]
Este modelo es una respuesta
al de objetivos, ya que se pretende flexibilizar el diseño pero tomando en
cuenta las determinaciones importantes de la naturaleza del conocimiento y del
proceso de socialización en la escuela (currículo oculto), así como las
características del proceso de aprendizaje de los alumnos (grupal o
individual).
Se rechaza la idea de
someter los contenidos de cultura como de actividades de aprendizaje de los
alumnos, a una especificación de resultados traducíos en objetivos
comportamentales.
Stenhouse nos hace pensar en
que el inicio de un diseño curricular están los objetivos como si este fuera el
techo y a partir de ahí se quisiera construir la casa.
Los modelos que destacan los
procesos curriculares son fundamentales para el ejercicio y uso de la
comprensión, por parte de maestros y alumnos, de la dinámica de las tareas de
la enseñanza y del aprendizaje.
Se considera que existen
contenidos que tienen un valor intrínseco, que “sirvan” más allá de alcanzar
objetivos.
Un campo de conocimiento,
una disciplina o simplemente una teoría, posee una estructura (organización,
semántica y sintáctica) por lo que poseen procedimientos, conceptos y criterios
que presiden y forman parte de esa estructura. Es así que podemos concebir el
conocimiento humano como algo “vivo”, producto del pensamiento pero también en
construcción, no sólo está ahí, también se va haciendo.
La estructura del contenido
de un currículo se debe de complementar con los procesos intelectuales mediante
los cuales los alumnos asimilan el contenido y la organización, es decir, los
procesos mediante los cuales los alumnos aprenden de modo significativo los
contenidos curriculares. Esto lleva a reivindicar no sólo a los contenidos como
fuente proveedora de finalidades, también a las actividades de aprendizaje.
Según Eisner, hay dos tipos
de objetivos, el instructivo es de ejecución, encaminan a los alumnos por igual
hacia una conducta previamente determinada. El objetivo expresivo describe más
bien una situación de aprendizaje, identifican una actividad en la que se
encontrará sumergido el aprendiz o un problema que tendrá que resolver.
Este modelo de exige mucho
al maestro, pero que al mismo tiempo, le brinda un mayor desarrollo
profesional.
[1] Casarini,
Ratto Martha. (1999) “Diseño y desarrollo” en Teoría Curricular. México:
Trillas, Pág. 286.
[2] Casarini,
Ratto Martha. (1999) “Diseño y desarrollo” en Teoría Curricular. México:
Trillas, Pág. 288.
[3]
Ibíd. Pág. 289.
[4] Casarini,
Ratto Martha. (1999) “Diseño y desarrollo” en Teoría Curricular. México:
Trillas, Pág. 294.
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